“La ansiedad no me deja dormir. Afecta mi salud y mi manera de tratar a los demás y hace que piense en rendirme. Es como un monstruo que vive dentro de mi. Que me revuelve el estómago, que me agita el corazón […], desgarrándome por dentro y tratando de controla mi vida”.

Así se expresó una mujer de Estados Unidos, llamada Jordan cuando se le preguntó sobre los efectos que le provoca la ansiedad.

¿Te has sentido alguna vez así? ¿Sientes que los problemas te causan una ansiedad insoportable?

Hay que reconocer que en nuestros días abundan los problemas y que vivimos en “tiempos críticos y difíciles de soportar”.

Ni que decir tiene que, la guerra en Ucrania está causando mucho dolor y sufrimiento. El temor y la incertidumbre con respecto al futuro es cada vez más preocupante. Podemos decir que probablemente a nivel mundial la vida ahora sea más difícil que nunca. Debido en buena parte a este conflicto, muchos nos sentimos acosados por las dificultades económicas debido a la precariedad de los sueldos y la subida de los precios, de modo que tratar de cubrir nuestras necesidades puede angustiarnos.

Por otro lado, la pérdida del empleo puede ser devastadora y afecta todos los aspectos de la vida. Para un padre de familia “la ansiedad anticipada” de poder perder el trabajo puede hacerle sentir que su mundo se derrumba y su seguridad se desvanece.

Por último, quizás nuestro caso sea el de estar luchando contra una enfermedad crónica o muy grave; o puede ser que, en medio de esa difícil circunstancia, nuestro papel sea el de cuidar del enfermo o de una familiar de edad avanzada.

Si quisiéramos pudiéramos escribir páginas y páginas de problemas y dificultades que generan en nuestro corazón angustia, inquietud y tristeza.

El famoso Rey David, quien gozó de gran fama por su valentía al vencer al gigante filisteo Goliat, afrontó en su vida una batalla severa contra otro gigante: LA ANSIEDAD; la cual en ocasiones le superaba tanto que se preguntaba: “¿Hasta cuándo tendré ansiedad y preocupaciones, tristeza en mi corazón día tras día?”

Seguramente alguno de nosotros se ha hecho esa misma pregunta. Y es que, por muy denodados que creamos ser, cualquiera de nosotros puede caer en las manos de este cruel y poderoso enemigo, la ansiedad. Hacer frente a los problemas – día tras día – ataca a la mente y oprime el corazón, nos roba la alegría de vivir, además de ocasionar serios problemas médicos como úlceras, enfermedades cardíacas y asma.

En vista de tal realidad, la pregunta es: ¿qué puede ayudarnos a hacer frente a la ansiedad?

La clave está en vivir UN DÍA A LA VEZ.

En el Evangelio según Lucas 12:29, encontramos un consejo de Jesús, el llamado Gran Maestro, que están en armonía con este principio, cuando dijo: “Dejen de estar en ansiedad y suspenso”

Vivir con ansiedad es como vivir en “suspense”, bajo intriga, sin saber qué va a pasar y temiendo lo peor.

Por cierto, ¿has visto alguna vez una película de suspense?

El objetivo principal de este tipo de películas es mantener al espectador en expectación, lograr que esté atento al desarrollo de una historia llena incertidumbres. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la trama no termina como una pensaba. No son ese tipo de películas previsibles donde uno se atreve a decir aquello de: “ya sabía que iba a terminar así”. Lo que parecía evidente finalmente no era o no sucedió. Algo parecido puede suceder con los problemas. Por lo general, la vida nos sorprende con un final inesperado, donde las cosas no salieron tan mal como nos habíamos imaginado en un principio.

Está claro que en estos días las preocupaciones son parte de la vida.

Pero no es bueno que añadamos los problemas de mañana a los que ya tenemos hoy. Preocuparnos demasiado por cosas que aún no han sucedido – problemas imaginarios que quizás nunca ocurran – hará que nos sintamos más estresados y que nos desgastemos en cosas que no podemos controlar.

Además, preocuparnos por lo que ya quedó en el pasado y decirnos: “Si hubiera hecho esto…” o “si hubiera hecho lo otro…”; esa angustia autoinfligida, puede hacer que vivamos estancados por los errores del pasado, teniendo los ojos fijos en el “espejo retrovisor” de nuestra vida, impidiendo que miremos hacia adelante.

Por eso, vivir en el mismo momento el ayer, el hoy y el mañana puede ser demasiado peso para un solo día.

¡Cuánto mejor es recordar la necesidad de vivir “un día a la vez”!

Algo que alimenta la ansiedad suelen ser los pensamientos negativos. Cuando estos nos abruman, pueden llegar a dominarnos a tal grado que incluso logren emitir sobre nuestra persona un veredicto de culpabilidad, destruyendo nuestra valía y amor propio;  la dignidad personal que encuentra a su paso.

Jordan, la mujer americana de la que hablamos anteriormente dijo “Me da vergüenza sentirme así, me siento culpable, como si estuviera haciendo algo malo”

Son en esos momentos, cuando uno se siente condenado, sentado dentro de su imaginación en el banquillo de los acusados y enfrente del juez más implacable, a saber, “nosotros mismos”, cuando reconocemos aquello de….¡qué importante es contar con un buen amigo a quien podamos contarle cómo nos sentimos!

Un proverbio dice: “La ansiedad aplasta el corazón del hombre, pero una buena palabra lo reanima”

Es cierto, una palabra cariñosa o el simple hecho de que alguien nos escuche sin juzgarnos puede convertirse en algo tan valioso como un abrazo deseado o en el espacio que tanto necesitamos. Puede ser el regalo que necesitamos ese día para vernos a nosotros mismos con amabilidad y cariño.

La ansiedad no permite que se piense con claridad, incluso puede hacer que olvidemos que quiénes están día tras día a nuestro lado – como nuestra familia y amigos – nos valoran y recuerdan por las cosas buenas que hemos hecho en el pasado y hacemos en el presente, así como algo muy importante que hay que recordar y tenerlo claro: “Tú no tienes la culpa de sentirte así ni estás fallando a nadie”

Quizás no entendamos por qué nuestros más allegados y amigos cercanos nos quieran tanto, pero hay algo que tienes que recordar: en realidad no necesitas entenderlo – sino creerlo – pues ellos no te van a mentir. Simplemente es cuestión de que “aceptes y agradezcas” el amor que recibes.

En conclusión, la ansiedad es un monstruo que está al acecho, un enemigo muy poderoso y que de repente llega a nuestras vidas sin avisar. Siempre ataca de distintas formas, pero no estamos solos y podemos sobrellevarlo aprendiendo a vivir “un día a la vez”.

Ya hemos comentado que algo que causa ansiedad es el esfuerzo por mantener a nuestra familia y obtener lo necesario. Es verdad que el dinero es una protección y actualmente lo necesitamos para vivir.

Sin embargo, ¿sabías que hay “tres cosas que el dinero no puede comprar”?

El próximo día hablaremos de eso.

Mientras tanto, recibid un afectuoso saludo junto con nuestros mejores deseos.

¡Hasta la próxima!